Montar una tesis o proyecto: aproximación personal
Pienso ante la experiencia, que se requiere explicarle al estudiante, desde un punto de vista práctico, el procedimiento para realizar una tesis o proyecto. Pueden existir varias formas de realizar el trabajo diario para un documento que usualmente sobrepasa las cien páginas, pero en este caso me remito a mi estilo, el que espero sea de utilidad.
Lo primero es que cuando estoy ante un texto, se debe estar preparado annímicamente y eso se refiere a nunca estar en ropa de dormir a la hora empezar, siempre ya bañado, afeitao y vestido, ya sea formalmente o en ropa para correr (algo que hago tipo medio día cuatro veces por semana), me siento bien así. Lo otro es que despejo la agenda, respondo llamadas, leo archivos, y ordeno el escritorio o mi cuarto en general, pues deseo el mayor tiempo seguido a lo que voy a escribir.
Es fundamental siempre establecer el horario e impedir que otras personas tomen de nuestro tiempo. Compras del supermercado, fiestas o simplemente interrumpir para realizar un mandado, todo afecta la productividad. Es tentador aceptar para quedar bien, pero es mejor decir que no.
Propiaemente sobre el acto de redactar, como se hace va a depender de varios factores. Si es un tesis o proyecto que se va a iniciar, o para montar cada capítulo, lo primero es tener la idea de lo que se quiere abordar, implica pensamiento. Pero se tiene que consultar de forma preliminar, buscar fuentes para corroborar lo que se cree.
A partir de aquí siempre he defendido la redacción libre; es decir poner las cosas como las vemos, haciéndolo en dos o tres páginas para luego revisar, y seguir la misma mecánica hasta llegar a las diez páginas, la idea con esto es que podamos crear cierto volumen. Debe tomarse en cuenta que al final es un documento que usualmente oscila entre las cien y doscientas páginas, es decir a poquitos no se tendrá el escrito en cuatro o seis meses.
Claro cuando se llega a esa extensión es requerido volver a consultar artículos y libros, para incluir más citas, confrontar varios autores, y también a valorar lo que puede ser sujeto de alguna modificación. Además, muchas veces se estima que algunas partes no son realmente relevantes y se requiere de otro tipo de orientación.
Llama la atención que es común que las universidades indican la extensión de los párrafos de forma arbitraria. Mi experiencia es que cuando uno redacta, por lo menos en español, cerrar una idea abarca de cuatro a ocho renglones, menos el trabajo queda muy cortado, y más es complejo pues hay que poner de más.
Cuando ya se enfrentan las correcciones del tutor o tutora, o el lector y lectora, la mecánica es diferente, por cuanto hay que remitirse directamente a lo que se pide. Recomiendo que siempre se empiece por lo puntual, cambiar términos, arreglar una tabla, y luego lo más importante como variar un enfoque o meter autores.
Uno de los problemas que siempre comento es que hoy días las personas que revisan no quieren dedicar tiempo y remiten lo que corrigen a una grabación en la misma reunión, sin darlas por escrito. Pero igual hay que transcribir y ordenar lo que desean, pues sino muchos cambios quedan por fuera.
Lo que siempre causa temor son las citas. En la actualidad se acostumbra usar más citas parafraseadas que textuales pues todo está en Internet, entonces es fácil encontrarlas, no como hace más de treinta años donde se tenía que ir a la universidad a buscar en ficheros. Pero es recomendable junto a las citas tener certeza de tener la referencia bibliográfica completa, incluyendo los links para no volver a buscar. Las figuras y las tablas son formas de ilustración que siempre deben venir pues facilitar la comprensión, pero no se debe abusar de ellas tratando de que sustituyan el texto.
Al final la planeación se torna fundamental, la universidad usualmente pone los plazos, y hay que tratar de cumplirlos. Entonces lo lógico es que semanalmente, aunque el profesor no lo pida, valorar los avances y lo que falta. Y también tener idea de que dificultades se están afrontando, por ejemplo, carencias de libros o revistas sobre el tema, o correcciones que son poco específicas, para hacer los ajustes correspondientes.
No se trata de decir que se hace algo, sino de proponer y saber redactar, demostrar.
(Benjamín Núñez Vega
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